• Miguel Ochoa Ramírez

Un regalo extraordinario

Guiños a los primeros cincuenta años del concurso, un álbum con sus protagonistas y una gala vibrante cargada de homenaje cierran la edición más "histórica" del Certamen Reina de La Mancha.



No ha sido un año cualquiera. Lo quisimos dejar claro desde principios de verano, cuando nos embarcamos en una aventura apasionante: la celebración de nuestro 50º Aniversario.


Pretendíamos realizar un viaje a nuestro pasado. A nuestra esencia; la que nos fortalece para trazar cada edición, para construir un espectáculo cada vez más completo, para tomar nota de los errores (que los hay, pero contra ellos se seguirá trabajando) y evolucionar.


Haciendo historia entre todos


La primera fase que tuve clara para tratar de hacer de esta una edición diferente fue la de fomentar la participación de los que nos siguen y, desde luego, de las que son (en todos los tiempos verbales posibles) la razón por la que empezamos, estamos y seguiremos: las concursantes y, por supuesto, las que se hicieron con nuestra corona a lo largo de nuestra historia. Para ello, durante el verano se ha llevado a cabo una importante labor de documentación, recabando datos e imágenes de antiguas concursantes para empezar a conformar el archivo histórico del certamen.


Se ha trabajado en 2 frentes: por un lado, mediante la vía administrativa municipal; por otro, se habilitó una plataforma virtual para que toda persona interesada perteneciente al entorno de las concursantes, nos hiciese llegar material fotográfico de su respectiva edición. Ambas vertientes han resultado provechosas, pues se han reunido instantáneas de la gran mayoría de ediciones, que ya forman parte de la hemeroteca digital del concurso.


Momento de reuniones


Otro de los objetivos del equipo de Organización del concurso era el de sentar las bases de una gala espectacular y, sobre todo, que constituyese ese homenaje que cincuenta años de andadura merecen. Una ceremonia parecida a las anteriores, pero con un toque muy distintivo: el de tener la compañía de las Reinas de La Mancha históricas, quienes tiempo atrás vinieron a Miguel Esteban como concursantes con la suerte de llevarse consigo un hermoso regalo para sus pueblos: nuestra corona.


No es fácil congregar a personas que, en la mayor parte de los casos, tienen una vida consolidada y, por tanto, circunstancias que no siempre permiten volver al pasado. Pero han vuelto —y muchas, superando la treintena y, por tanto, nuestras expectativas—. Y no solo han estado en la gala. Han rememorado sus vivencias y